Si
bien es cierto, nuestro éxito profesional y nuestro entorno laboral constituyen
eje primordial de nuestra vida, también lo es la construcción permanente de
fuertes lazos de unión y de afecto con nuestr@ compañer@ de viaje. Al final, es
indiscutible que poco valen los bienes materiales si no existe una pareja, una familia
con quien compartirlos y disfrutarlos.
No
obstante, es frecuente encontrar, familias que se destruyen por la falta de
atención, la falta de tiempo o la ausencia recurrente de uno de sus miembros, todo
ello, generalmente, en virtud de responsabilidades laborales que restan importancia
a la familia. Por esta razón es urgente revaluar el tiempo, los espacios y las experiencias compartidas con los seres
que amamos, la prioridad que otorgamos a la familia en nuestra agenda diaria,
pero sobre todo el costo – beneficio de nuestra ausencia en el hogar.
La
mayoría del tiempo nos esforzamos en acumular un capital económico, unos bienes
materiales que aseguren nuestro futuro y el de nuestros hijos, pero poco nos
esforzamos en propiciar momentos y situaciones para compartir y aprender
juntos, para conocer a nuestros hijos y para reavivar la llama del amor con
nuestra pareja.
No
significa esto que debamos ignorar nuestras responsabilidades laborales o
nuestras metas profesionales, estos objetivos son absolutamente complementarios a nuestro proyecto de vida y
deben armonizarse con la calidad y cantidad de tiempo que se comparte en
familia, con las experiencias de vida y con las demostraciones de afecto que
hacen nuestra vida más feliz.
Para
enviar flores o programar o preparar una cena romántica, una salida familiar, compartir una película juntos
o enviar un detalle sin motivo aparente, no se requiere más que voluntad y
afecto; sin embargo, su efecto en la unión de pareja, la estabilidad familiar y
la calidad de nuestra vida resulta
altamente positivo y reconfortante.
Si bien en pareja es mucho más fácil encontrar y disfrutar espacios en común, generalmente
es un poco más difícil encontrar puntos de encuentro con las aficiones de nuestros hijos,
no obstante, involucrarnos con ellos, con su amigos y con sus gustos y aficiones
es mucho más fácil cuando se crean fuertes lazos de unión, de confianza y de
afecto entre los miembros de la familia. Así mismo, compartir espacios y
momentos especiales con nuestra pareja, nos ayuda a salir de la rutina y a
reavivar sentimientos con esa persona
con quien compartimos la vida y construimos un proyecto común: SER FELICES…..
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